Publicidad:
Terra
La Coctelera
1

Avatares

Acusado de incrédulo fue expulsado de cuatro y cinco  movimientos religiosos. Entusiasmado leyó las escrituras de su nueva casa espiritual. Al interpretarlas lo sobrecogió temor escuálido como un fantasma que no logró impedir su esfuerzo pero lo torno azaroso y dubitativo. Un interrogante permanente se clavó en su mente. Estricto se dedicó a revisar los más importantes acontecimientos de su vida tras huellas de lo que fueron sus existencias pasadas. Entonces una memoria milenaria acometió en él como un ejército en batalla. Mil imágenes se fundieron en la pantalla colorida de su mente. Caminos polvorientos, centuriones, copas de vino, panes ácimos, espadas y caballos. Se reconoció a sí mismo en diferentes países y culturas, a diferentes edades, con diversas esposas y familias. Muchas vidas, muchas experiencias, muchos ámbitos y todos expedían un susurro de multitud agobiada que en el fondo de su alma se transformaban en dolor. Trató de aguzar su mirada, sus recuerdos, sus sentidos con el ánimo de afinar mejor algunos de esos recién llegados recuerdos. Entonces con asombrosa claridad se vio arrojar una toalla sobre una silla después de lavarse las manos en una jofaina. La imagen se desvaneció con la misma rapidez con la que apareció y fue sucedida por el registro mental de otra existencia. Esta vez vestía de centurión romano y daba latigazos a un hombre. Aquél emitió un grito desgarrado que le sacó de tal existencia y lo llevó a otra. Esta vez levantaba con decisión una almádana para clavar la mano de un hombre a un madero. Inquieto se puso de pie. Sobresaltado escuchó su corazón como un redoblante.  Una imagen, otra vida, otra existencia llegó en imágenes a su mente: en aquella ocasión recibía treinta monedas de plata en una bolsa de cuero. Sin más dudas corrió al patio de su casa y se ahorcó.

0

Fe

 Las dudas lo acosaron mientras vivió y estudió en el seminario. Noches enteras se agitó en la cama negándose las negaciones que la razón oponía a su fe. No recordaba en su vida haber sentido una vocación diferente a la del sacerdocio. Desde tierna edad profesó su amor a Dios y su gusto por el camino religioso. Fueron duras pruebas las del noviciado y el paso de los días, de las clases, de la exegesis bíblica o el trabajo social. Estas experiencias de vida en comunidad y estudio de la palabra de Dios, sumados a la tranquilidad y el silencio para una vida de interioridad lejos de soliviar los pesos de su pensamiento agregaron cargas a su conciencia. Dudó entonces y dudaba ahora. Se cuestionó la existencia y poder de aquél Dios que había enviado a su propio hijo para morir en la cruz. Al fin, frente al altar se sintió sereno. Feliz. Cerró los ojos y se percibió lleno de luz, rodeado de rayos luminosos como los que había imaginado tantas veces y las pinturas prometían. Levantó el cáliz y la patena con la ostia: el pan y el vino, el cuerpo y la sangre. Se sintió entonces lleno de luz, brillante y claro, pareció levitar, navegó entre el tiempo y el espacio, creyó verlo, o lo vio. Creyó entonces. Sobre el altar depositó la presencia divina y corrió.

 

0

Enemigo mío

 Cuando se cerró el ataúd el hombre que miraba respiró profundo y se sintió seguro. Con las primeras paladas de esa tierra anaranjada y marrón sobre el cajón se borraron definitivamente todas sus dudas y angustias. Su mayor enemigo, su gran enemigo, su único enemigo estaba muerto y bajo tierra. Se arrodilló y lloró con un vacío en el estomago que no había sentido nunca antes.

 

0

Morirse

 Entonces el hombre disparó y vio un cuerpo caer ensangrentado.  Y por un segundo su mirada se tornó difusa como un televisor cuando ha perdido señal. Con los dedos fregó sus parpados y se sintió como frente a un espejo, uno que estaba a sus pies, sobre el piso. Yacía allí un cuerpo como el suyo, sus pies tocaban los suyos. Aquella imagen parecía su sombra pero a todo color y como si fuese en tercera dimensión, con volumen y textura. Era un hombre como él, con ropas iguales a la suyas aunque las propias no tenían aquella mancha viscosa de sangre que se derramaba en su cuerpo. Sólo entonces se sintió morir.

 

0

Espejo

Frente a la pantalla del televisor me sorprendió mi propia imagen. Era yo. Eran mis palabras. No lograba discernir si me veía más gordo o más flaco, más alto o más bajo. Trataba de establecer si mi voz se escuchaba más grave o más aguda. Era yo y era otro. Ese de la imagen me era ajeno y profundamente conocido. Estaba dentro de mí, en frente, igual y diferente. Extraño espejo es la televisión, pensé.

0

Tacto

 Por debajo de la mesa la mano temblorosa buscó un océano, encontró un mundo olvidado, descubrió un nuevo continente, recorrió la jaula que le haría preso y administró placeres olvidados. Tocó las fibras de la falda; auscultó despacio, navegó sobre la piel de las piernas, subió y bajó, bajó y subió aquellos muslos para grabarlos en su memoria como si fuera un escáner. La tocó por los lados y por detrás, en medio, más arriba, más abajo y más adentro. La tocó imaginando, deseando, preparando, yendo hacia ella y viniendo. Sintió también, mientras acariciaba entre las piernas, la ansiedad de la mujer que le besaba entregada, con las armas abajo sin oponer fuerzas en la batalla, conquistada más bien; sumisamente lo alentaba a palpar, lo acogía, lo ataba sin cuerdas y lo hacía sujeto de una nueva pasión, de la pasión.  Los amantes se ocultaban y auscultaban entre la luz tenue del bar y de la bruma del humo de cigarrillo, la espesura del volumen musical y el ruido de bebedores y bailarines que usualmente sólo dejan ver sombras en sitios como éste. Un humo rancio con un aroma frío, seco, químico flotaba entre las mesas de los animosos y rumberos clientes del lugar. Los músicos mantenían el frenesí de la noche marcando el ritmo de abrazos y pasos de baile, de besos y brindis, de bocanadas de nicotina, de meseros presurosos con bandejas de botellas esperadas ansiosamente, de amores y desamores.

 En su mesa, apartada de la nave central del lugar, parecían olvidarse del mundo los nuevos amantes. El tacto provocador y siempre príncipe del encuentro amoroso se erigía en rey del placer furtivo. Más allá de los olores de perfumes rápidamente desvanecidos en la mezcla de sudores y humo de cigarrillo; del regustillo a taninos de vino joven, de whisky maduro, de ron viejo, de ardiente aguardiente, él sintió cómo el tacto ponía en su boca el sabor de una nueva vida. Miró por un instante las siluetas que bailaban eróticamente en medio del ambiente azulado y rojizo creado por los reflectores que generaban penumbras entre las parejas bailarinas al lado de la banda mientras ésta tocaba sin treguas. Se dejó llevar por una fuerza que entre los tragos y las yemas de sus dedos lo comunicaba con el universo y lo hacía parte de la perfección de la naturaleza. Sintió que se descubría, que encontraba otra vida de su existencia, otra existencia en esta vida, la noche de unos días apenas sí vividos, los días brillantes de una noche larga que duró muchos días. Se sintió rey de sí mismo otra vez. Asumió que sus días de hombre ordenado y laborioso eran apenas una parte de él. Recordó los domingos de hastío en su caluroso apartamento. La tomó del brazo y la ayudó a levantarse, la apretó por la cintura y la condujo hacia el corredor entre mesas. Se apuró con vigor y decisión una última copa hacia los labios deseosos de saliva, sabor y sentir. Supo que ya nunca saldría de aquella cárcel; pensó, entonces, que su esposa tendría que saberlo.

0

Los esquemas

Atento saludos amigos, compañeros, colegas o visitantes casuales de este sitio. Muy próximamente ustedes podrán encontar aquí las expresiones gráficas de los modelos de comunicación sobre los cuales hacemos comentarios. Trataremos de hacer una exposición por lo menos de los que hemos logrado recabar y organizar. Esto permite a los interesados leer el texto comentario y guiarse con el esquema propuesto por el autor del modelo. Así es que hasta pronto y gracias por los comentarios y críticas y aportes. Gracias también a quienes nos escriben al correo electrónico para interactuar sobre estos temas e incluso para solicitar apoyo, conceptos o ampliación de información.Éxitos a todos.

0

Esquema de Marín-García-Ruiz sobre las interacciones entre emisor y receptor

Ésta es la propuesta desarrollada por el investigador español Antonio Lucas Marín y expuesta en su libro Sociología de la comunicación[1]. El esquema busca explicar lo que es interacción y demostrar el caso en el cual ésta alcanza su plenitud como comunicación.

La estructura presenta nueve posibilidades de interacción entre los sujetos del proceso; pero indica que sólo una de esas posibilidades podrá asumirse propiamente como comunicación.

Entre las nueve situaciones de interacción contempladas sólo la primera de ellas es verdadera comunicación, pues evidencia una relación interactiva en la que el emisor intenta transmitir y significar, mientras que, por parte del receptor, hay una comprensión del mensaje. Las tres primeras situaciones se comprenden como envío de información trascendental.

Para explicar su propuesta, Marín ejemplifica cada una de las nueve posibilidades de interacción entre un emisor y un receptor:

El emisor ejecuta el acto de enviar en una interacción comunicante y el receptor, en una interacción comunicativa, ejecuta el acto de recibir. Este nivel asume la intención de emitir y la intención de recibir, y, efectivamente, ambas se cumplen.

Una persona (A) no desea que la información llegue a otra (B), pero la envía por error y (B) la recibe.

En el tercer caso no hay envío de información por parte de un emisor (A) pero un receptor (B), que conoce la situación del emisor infiere la información (por ejemplo, está en mi ciudad y no me ha llamado por teléfono).

La situación cuatro se puede ejemplificar con la situación de quien recibe un fax pero no se da cuenta de que es el destinatario.

El caso cinco es una variación del caso cuatro. Cuando un receptor (B) recibe, sin darse cuenta, un fax de un emisor (A) y se suma a ello que el emisor no tenía la intención de transmitir el mensaje.

La posibilidad seis ocurre cuando un receptor (B) no recibe la llamada de su amigo (A) en el día de su cumpleaños; pero tampoco interpreta que (A) está enfadado.

En el caso siete, (A) escribe una carta a (B) y la envía, pero la misiva no llega a (B).

En el caso ocho, (B) no recibe la carta de (A) porque éste, finalmente, no la envía, lo que sí ocurrió en el caso siete.

El caso nueve es denominado por Marín como de mutua inacción ya que no hay envío de información ni interés por recibirla.




[1] MARÍN, Antonio Lucas. GARCÍA GALERA, Carmen. RUIZ SAN ROMAN, José Antonio. Sociología de la Comunicación. Editorial Trotta. Madrid 1999. Pág 21.