El efecto pecera
Si bien parece que cierto que los medios de comunicación e información imponen su ley en la sociedad, y que sus procesos se replican en los grupos, las comunidades y las organizaciones, también se puede pensar que esto ocurre justamente por la ausencia de posiciones criticas de los espectadores. Es posible hacer una analogía entre los medios y una pecera. Una persona cualquiera prepara un estanque de vidrio con agua –incluso de mar-, deposita unas piedrecillas en el fondo, asegura la oxigenación de la misma, recubre uno de los lados con una panorámica del fondo del mar y finalmente suelta allí unos pececillos. Esta persona se deleita con la imagen que tiene, disfruta de “su pedacito” de mar. Pero aquello no es el mar, lo los pequeños peces no están en su hábitat, se trata, finalmente, de una vana ilusión, de un simulacro. El caso de los medios es muy similar, y en al caso de las organizaciones, no lo es menos. Se trata de medios que pretender construir una realidad diferente a la percibida y vivida por las personas en la organización. Se trata de un construcción que tiende a desviar los contenidos de los medios de lás realidades más hondas de comunicación entre las personas. El medio es un espacio de representación a través de signos y símbolos. Puede decirse que es una dimensión de representación. Esto se explica porque una dimensión implica la confluencia de un espacio y un tiempo. En tal sentido, un medio es un espacio de representación condicionado por un espacio y un tiempo. Sirve de vehículo para un texto que se elabora gracias a una serie de convenciones, de símbolos o expresiones ya sean éstas verbales o no verbales, que pueden dotarse de sentido. Ya decía Gerbner que la comunicación es un intercambio de sentidos. Pues bien, el medio, que permite dicho intercambio, se estructura como presencia real en la confluencia de un espacio - tiempo. Ampliando un poco más el concepto podríamos decir que la comunicación debe ser la construcción de sentido en común y el medio es el espacio de representación que lo posibilita. El mensaje es de una naturaleza diferente a la del medio y por lo tanto responde a la cognición del ser humano, a su posibilidad de codificar, comprender, asimilar. El mensaje lleva consigo una búsqueda del interior del ser humano, conlleva una construcción en la tensión entre inteligencia y sentimiento. Las condiciones y capacidades comunicativas del ser humano encuentran uno de sus meridianos, justamente, en aquella tensión. El medio posibilita la llegada del mensaje y su carga simbólica al sujeto que piensa y que siente; incluso condiciona en gran medida ese mensaje; pero no se convierte en aquella abstracción de ideas y sentimientos en los cuales se puede transformar el mensaje asimilado por el sujeto. El medio puede determinar, en gran parte, las sensaciones de los comunicantes; pero no se constituirá en parte de ellos como lo puede hacer la carga simbólica que ha transmitido. El medio, cada medio, será en sí mismo un espacio
limitado de representación; el mensaje se transformará, con lo sujetos que intercambian sentidos, en un infinito “continum” de simbolizaciones. En este mismo orden de ideas, es preciso, a esta altura, resaltar, la que puede ser quizás la gran diferencia entre el medio y el mensaje: la mediación. Si de una parte decimos que es la gran diferencia, de otra parte planteamos que es también su gran encuentro. Así como en el signo se unen el significado y el significante y como en las monedas se encuentran indisolubles la cara y el sello (cruz); la mediación representa la inseparabilidad de medio y mensaje, pero además, y en relación más amplia y generosa, tal indisolubilidad es compartida con los actuantes del proceso comunicativo inmersos en una historia, una cultura, unos proyectos de futuro, y otras alternativas de diferentes órdenes, como pueden serlo las psicológicas, sociales y políticas por ejemplo. La mediación implica la codificación, el medio que transmite y une, el mensaje y los sujetos, los impactos pero también los procesos, las transformaciones; pero igualmente los transformadores. Dicha mediación es real en los procesos sociales que se generan en la interacción de las personas, se erige de la mano de los fenómenos de la realidad y su desarrollo histórico, se moviliza en los medios y se hace viva en la tensión inteligencia-sentimientos de las personas con los consabidos procesos sociales de su interacción. Tener medios no necesariamente implica contar con una buena mediación, ésta es una de las carencias reales de nuestras comunidades y nuestra sociedad. La mediación no se explica sólo por la presencia de medios; y los seres humanos requerimos de medios y mediaciones pero ante todo buscamos comunicación. “Cuando todavía no se usaba el término ‘medios de comunicación’ se conocía a los libreros como intermediarios entre los escritores y los lectores”[1]. Así es que primero se hablaba de inter.-mediación, para expresar la mediación que alguien hacía entre otros. Se reconocía la posibilidad de un sujeto o grupo de sujetos para mediar, hacer de medio, a fin de que otras partes se unieran, o se encontraran. En la actualidad vemos la mediación como el proceso complejo y simbólico que se estructura en los fenómenos de interacción entre personas y colectividades. Éste es posibilitado por unos medios pero vivenciado por personas. En términos de comunicación humana podemos pensar que la mediación implica una vivencia, una experiencia personal de algún tipo. En esta perspectiva la existencia de los medios no implica que el medio deba ser el mensaje, y menos aun, que la existencia de los mismos implique la bondad de los alcances comunicativos. Ya lo había planteado Carlos Castilla del Pino desde los años setenta al referirse al reconocimiento según el cual “…la paradoja con que se nos presenta nuestra situación actual, a saber, el descubrimiento de que nuestra comprensión del fenómeno de la comunicación, y la existencia misma de unos medios de comunicación inimaginables hace años, corren parejos, pero en proporción inversa, con la incomunicación fáctica entre un hombre y otro se verifica”[2]. Así las cosas resultaría necesario buscar una comunicación que supere al medio fundamentándose en él para llegar al desarrollo efectivo de la mejor comunicación fáctica posible entre las personas. Esta comunicación, por supuesto, siempre será incompleta, ambigua, compleja, fruto de su propia esencia simbólica en la cual nunca será posible que un sujeto comunique todo lo que desea o espera, y nunca comprenderá todo lo que le es comunicado. La percepción comunicativa es realmente restringida por su misma condición, no es posible que ésta sea matemática, precisa, inequívoca; pero tampoco puede serlo la emisión o construcción de sentido; los sujetos interactuantes se debaten entre la intención de emitir, lo emitido y la percibido por el receptor – o mejor perceptor-. Es un juego circular en cual se mueven las finas tensiones del sentido, la cultura, la historia, los intereses particulares, los ruidos, y claro, entre muchas otras condiciones, también las determinadas por las posibilidades que ofrece el medio. Este aspecto lejos de ser la limitación de la comunicación es su esencia. El caso de las organizaciones y los grupos humanos no se encuentra muy lejos de las condiciones hasta ahora expuestas, y es por eso que los elementos que hemos planteado pueden operar como descripción marco de una problemática de amplio espectro social con diferentes raíces que la concretan en terrenos como el abordado por la comunicación en las organizaciones. También en estos casos es preciso resaltar que el medio no puede ser el mensaje, que los medios no deberían actuar como dioses del olimpo, ni los comunicadores como semidioses o profetas. Un efecto pecera puede envolver la vida de la organización si los medios son más relevantes que la interacción entre las personas. La organización está llamada privilegiar los procesos de interacción, transacción y construcción colectiva de sentido. Por eso, los medios de la organización deben estar al servicio de las mediaciones, entendidas aquí, como movimiento y construcción colectiva, colegiada, que agencia procesos, significados y simbolizaciones, que encuentra los medios como indisolubles de los mensajes, pero como parte de la mencionada construcción colectiva de sentidos. La existencia, algunas veces desaforada, de medios en las organizaciones no sólo eleva los costos de los procesos administrativos de la comunicación, sino que la hace realmente más incompleta de lo que ya, humanamente, es. Esto se explica como la saturación de información, no siempre oportuna, importante o verás. Se genera la desorientación y, no pocas veces, la necesidad de desconexión por parte del sujeto. Siendo así, la proliferación de los medios en lugar de elevar los niveles de información, entendimiento, opinión, comprensión y participación, tiende a provocar en las personas la necesidad de desconectarse de un maremagnum de información que no siempre comprende, que cada vez se le hace más difícil de categorizar y que finalmente siente lejana a él mismo, como lejana terminará haciéndosele la organización a la cual pertenece. Tanto las organizaciones como la sociedad entera están llamadas a mirar con cautela esos extraños pero habituales fenómenos que se recogen en lo que Noelle-Neuman llamó la espiral del silencio. Esta teórica retomó las ideas de Tocqueville, quien en el siglo XVIII buscaba una explicación a la ausencia de defensores de la Iglesia Católica en Francia. Para Tocqueville, la gente “teme el asilamiento más que el error”. A partir de este postulado Noelle- Neuman explica que: “La descripción tocquevilliana de ‘la espiral del silencio’ era tan precisa como la de un botánico. Hoy se puede demostrar que, aunque la gente vea claramente que algo no es correcto, se mantendrá callada si la opinión pública (opiniones y conductas que pueden mostrarse en público sin temor al aislamiento) y por ello, el consenso sobre los que constituye el buen gusto y la opinión moralmente correcta, se manifiesta en contra”[3]. Con esto, buscamos plantear que el silencio frente a los medios de comunicación y las posiciones dominantes en la sociedad y en las organizaciones puede obedecer, no tanto a la legitimidad de los mismos y a la aceptación por parte de las personas, como a la necesidad de guardar silencio frente a la máquina de los medios de comunicación. Es posible que muchas personas prefieran aceptar la carga mediática, aun reconociendo en la organización una realidad la diferente a la entregada por sus medios. Tomando y parafraseando al profesor Barbero, necesitamos ir de los medios a las mediaciones en las organizaciones y los grupos humanos para alcanzar el encuentro comunicativo entre personas. Es preciso poner en marcha la comunicación fáctica que sin obviar los medios, se enfoque en más y mejores oportunidades para el encuentro humano. La organización puede y debe poner en marcha procesos simbólicos basados en la simplicidad de la interacción de las personas; más que a través de artilugios y complejos planes, esto se logra permitiendo que aflore la humanidad. Las organizaciones están llamadas a privilegiar la oralidad, el diálogo, la expresión, la puesta en común, las posiciones abiertas y francas, el acceso de las personas a los medios y el uso de los mismos como herramientas de todos antes que como centros de poder. Este texto no recoge un listado de acciones ni pasos a seguir, simplemente plantea una reflexión para la sociedad con aplicación en las organizaciones enfatizando en lo trivial que resulta el decir que somos un sociedad de medios para lanzar un grito de auxilio por la comunicación entre personas. Esta propuesta aboga por la identificación de un problema de investigación para que sea abordado con la seriedad y trascendencia que tiene en la sociedad, en las organizaciones y los grupos humanos. Finalmente, me permito plantear este problema como una preocupación del Grupo Corpus, en donde, lejos de considerar la trivialidad del asunto, hemos optado por asumir una posición crítica pero proactiva en el análisis de este asunto en las organizaciones. Esta es la mirada amplia que ahora empezamos a cerrar para ocuparnos de modo directo de la posible preponderancia de los medios sobre la comunicación fáctica en las organizaciones. De momento sólo podemos presentarles nuestras primeras reflexiones al respecto y esperamos que pronto estemos en capacidad de dar cuenta de los hallazgos.

BIBLIOGRAFÍA BARBERO, Jesús Martín. De los medios a las mediaciones. Convenio Andrés Bello. Bogotá. 2003. BERIÁN, Josetxo. Las consecuencias perversas de la modernidad. Compilador. Antrhopos. Barcelona. 1996. BRIGGS, Asa; BURKE, Peter. De Gutenberg a Internet. Una historia social de los medios de comunicación. Taurus. BUNGE, Mario. Teoría y Realidad. Ed. Ariel. Primera edición en Ariel. Primera edición en 1972. Barcelona. 1985. DE MORAGAS SPA, Miquel. Teorías de la Comunicación. Quinta edición. Ediciones Gustavo Gilli. México. 1991. DÍAZ BORDENAVE, Juan y MARTINS DE CARVALHO. Planificación y Comunicación. Ed. Don Bosco. Quito Ecuador. 1978. FISKE, John. Introducción al estudio de la Comunicación. Versión en español Ed. Norma. 1984. Colombia. LÓPEZ VENERONI, Felipe. La Ciencia de la Comunicación: método y objeto de estudio. Ed. Trillas. LUCAS MARÍN, Antonio. GARCÍA GALERA, Carmen. RUIZ SAN ROMAN, José Antonio. Sociología de la Comunicación. Editorial Trotta. Madrid 1999. MALETZKE, Gerhard. Psicología de la Comunicación. Editorial Época. Quito. 1976. MATTELART, Armand y Michelle. Historia de las teorías de la comunicación. Ed. Paidós. Primera edición 1997. Barcelona. MCQUAIL, Denis. WINDAHL, Sven. Modelos para el estudio de la comunicación colectiva. Ed. Universidad de Navarra. Pamplona. 1984 NOELLE – NEUMANN, Elisabeth. La Espiral del Silencio. Opinión Pública: nuestra piel social. Barcelona. 1995. PASCUALI, Antonio. Comunicación y Cultura de Masas. Monte Ávila Editores. Caracas. 1972. VÁSQUEZ MONTALBAN, Manuel. Historia y Comunicación Social. Mondadori. Barcelona. 2000. VERON, Eliseo. Construir el acontecimiento. Gedisa. Barcelona. 1995. WATZLAWICK, Paul; VEABIN, Janet H y JACKSON, Don D.; Teoría de la Comunicación Humana: interacciones, patologías y paradojas. Editorial Tiempo Contemporáneo. Buenos Aires. 1967. WOLF, Mauro. La investigación de la Comunicación de masas: crítica y perspectivas. Paidós. 1985. [1] Briggs, Asa; Burke, Peter. Op. Cit 134. [2] Castilla del Pino, Carlos. La incomunicación. Ediciones Península. Barcelona. 2001. [3] NOELLE – NEUMANN, Elisabeth. La Espiral del Silencio. Opinión Pública: nuestra piel social. Barcelona. 1995. Pág 14.