Llegados a esta altura del texto y después de compilar y describir algunos (no todos evidentemente) de los más relevantes modelos de la comunicación colectiva, puede resultar importante para el lector abordar una breve descripción del Nuevo Mapa de las Mediaciones. Esto quiere decir que se aborda la escuela latinoamericana en cabeza de uno de sus más connotados investigadores y uno de sus indiscutibles constructores: Jesús Martín Barbero. Es claro que no es el único de los pensadores latinoamericanos de la comunicación que ha postulado una propuesta teórica sólida de comunicación o un modelo en este campo. Acepto como una restricción seria del presente trabajo la presentación organizada y analizada de los planteamientos de una corriente latinoamericana, realmente enriquecida por esfuerzos y trabajos de connotados investigadores que se convierten, justamente, en modelos a seguir o a confrontar, y en ambos casos nos enriquecen. Al hacer un somero vuelo por algunas de las ideas del profesor Barbero se abre la puerta para un trabajo de este tipo.
Para el medio colombiano (sin desconocer su incidencia en el continente y otras esferas internacionales) Jesús Martín Barbero representa, quizás, el pilar de la investigación en comunicación. Sus múltiples trabajos dan cuenta de su búsqueda incansable, de su rigor intelectual y de la densidad conceptual de sus aportes. Tanto para los investigadores consagrados como para las nuevas generaciones Barbero representa un punto de referencia, un cruce de caminos de esos que es llegada y partida.
En este apartado no se hará un análisis riguroso de los aportes del profesor Barbero, más bien, y siguiendo la línea de este libro, se hace una presentación sintética de un esquema específico del teórico. En este caso se aborda el Nuevo Mapa de las Mediaciones.
En el prefacio a la quinta edición de su libro “De los medios a las mediaciones”, publicada por el convenio Andrés Bello, Barbero plantea un texto titulado: “Para entre-ver medios y mediaciones”[1]. En uno de sus apartes hace un llamado en este sentido: “Estamos necesitando pensar el lugar estratégico que está pasando a ocupar la comunicación en la configuración de los nuevos modelos de sociedad, y su paradójica vinculación tanto el relanzamiento de la modernización –vía satélites, informática, videoprocesadores- como a la desconcertada y tanteante experiencia de la tardomodernidad”[2].
El mismo Barbero explica cómo “La centralidad indudable que hoy ocupan los medios resulta desproporcionada y paradójica en países con necesidades básicas insatisfechas en el orden de la educación o la salud como los nuestros, y en los que el crecimiento de la desigualdad atomiza nuestras sociedades deteriorando los dispositivos de comunicación, esto es cohesión política y cultural”[3]. De otra parte, al citar a Lechner en un texto de la revista Nueva Sociedad afirma con él que: “Desgastadas las representaciones simbólicas, no logramos hacernos una imagen del país que queremos, y por ende, la política no logra fijar el rumbo de los cambios en marcha”. Con esto puede concluir: “De ahí que nuestras gentes puedan con cierta facilidad asimilar las imágenes de la modernización y no pocos de los cambios tecnológicos pero sólo muy lenta y dolorosamente pueden recomponer sus sistemas de valores, de normas éticas y virtudes cívicas. Todo lo cual nos está exigiendo continuar el esfuerzo por desentrañar la cada día más compleja trama de mediaciones que articula la relación comunicación/cultura/política”[4].
Con estas ideas Barbero traza una red compleja conceptual que permite comprender la posibilidad de plantear estudios e investigaciones que trasciendan el abordaje de los medios y los efectos, pensados éstos desde la comunicación de masas, para adentrarse en el carácter estratégico de la comunicación y en las construcciones culturales y políticas que se derivan de ello. En esta perspectiva toma relevancia el sentido de lo humano, el encuentro entre personas y la producción de comunicación para la comprensión y la posibilidad de vivir juntos en dignidad.
Este enfoque no desvirtúa, sin embargo, ni menoscaba, el papel de los medios y las tecnologías. Lo que se pretende enfocar es el balance y real valoración de su papel al lado del desarrollo de las estrategias humanas de comunicación en los colectivos sociales, “pues el medio no se limita a vehicular o traducir la representaciones existentes, ni puede tampoco sustituirlas, sino que ha entrado a constituir una escena fundamental de la vida pública. Y lo hace reintroduciendo en el ámbito de la racionalidad formal las mediaciones de la sensibilidad que el racionalismo del ´contrato social´ creyó poder (hegelianamente) superar. Si la televisión le exige a la política negociar las frmas de su mediación es porque, como ningún otro, ese medio le da acceso al eje de la mirada desde el que la política no sólo puede penetrar el espacio doméstico sino reintroducir en su discurso la corporeidad, la gestualidad, esto es la materialidad significante de que está hecha la interacción social cotidiana”[5].
Al trazar el esquema que llama un Nuevo Mapa de las Mediaciones, Barbero fija su idea en la comprensión de las nuevas complejidades en las relaciones constitutivas entre comunicación, cultura y política y como dice el propio Barbero “El esquema se mueve sobre dos ejes: el diacrónico o histórico de larga duración – entre matrices culturales (MC) y Formatos Industriales (FI) - , y el sincrónico: entre Lógicas de Producción (LP) y Competencias de Recepción o consumo (CR). A su vez, las relaciones entre MC y CR están mediadas por distintos regímenes de Institucionalidad, mientras las relaciones entre MC y CR están mediadas por diversas formas de socialidad. Entre las LP y los FI median las tecnicidades, y entre los FI y las CR median las ritualidades”[6].
Para el autor la relación entre las Matrices culturales y los Formatos Industriales lleva a estudiar “la historia de los cambios en la articulación entre movimientos sociales y discursos públicos, y de éstos con las modalidades de producción de lo público que agencian las formas hegemónicas de comunicación colectiva”[7]. Explica cómo esa historia o ese estudio de la historia va en la perspectiva de los llamados estudios culturales y retoma las ideas de R. Williams para recordar que este tipo de enfoque implica hoy un lugar de complejos entramados de residuos e innovaciones, de anacronías y modernidades, de asimetrías comunicativas que llevan, de parte de los productores a “sofisticadas estrategias de anticipación” y de parte de los espectadores a la activación de nuevas y viejas competencias de lectura.
Cuando hace referencia a la doble relación de las Matrices Culturales con las Competencias de Recepción y las Lógicas de Producción explica que esta es mediada por los movimientos de socialidad y los cambios de institucionalidad. Para Barbero “La socialidad se genera en la trama de las relaciones cotidianas que tejen los hombres al juntarse, que es a la vez lugar de anclaje de la praxis comunicativa, y resultado de los modos y sus colectivos de comunicación, esto es de interpretación/constitución de los actores sociales, y de sus relaciones (hegemonía/contrahegemonía) con el poder”[8].
En cuanto al funcionamiento de las Lógicas de Producción dice Barbero que su comprensión moviliza una triple indagación: sobre la estructura empresarial –en sus dimensiones económicas, ideologías profesionales y rutinas productivas– sobre su competencia comunicativa –capacidad de interpretar/construir públicos, audiencias, consumidores- y muy especialmente sobre su competitividad tecnológica: usos de tecnicidad por los que pasa su capacidad de innovar. En este sentido el autor hace claridad al decir que. “Confundir la comunicación con las técnicas, los medios, resulta tan deformador como pensar que ellos son exteriores y accesorios”, además Barbero enfatiza en la trascendencia actual y las condiciones del funcionamiento de dichas lógicas de producción al afirmar que: “La mediación estratégicas de la tecnicidad se plantea actualmente en un nuevo escenario: el de la globalización, y su convertirse en conector universal en lo global (Milton Santos). Ello no sólo en el espacio de las redes informáticas sino en la conexión de los medios –televisión, teléfono- con el computador replanteando aceleradamente la relación de los discursos públicos y los relatos (géneros) mediáticos con los formatos industriales y los textos virtuales. Las preguntas abiertas por la tecnicidad apuntan entonces al nuevo estatuto social de la técnica, al replanteamiento del sentido del discurso y la praxis política, al nuevo estatuto de la cultura, y a los avatares de la estética”[9].
De otra parte el autor explica en su esquema cómo la mediación de las ritualidades permite el nexo simbólico que sostiene toda comunicación: a sus anclajes en la memoria, sus ritmos y formas, sus escenarios de interacción repetición. En su relación con los Formatos Industriales (discursos, géneros, programas, parrillas, palimsestos) las ritualidades constituyen gramáticas de la acción – del mirar, del escuchar, del leer- que regulan la interacción entre los espacios y tiempos de la vida cotidiana y los espacios y tiempos que conforman los medios. Lo que implica, de parte de los medios, una cierta capacidad de poner reglas a los juegos entre significación y situación”[10].
[1] BARBERO, Jesús Martín. De los medios a las mediaciones. Convenio Andrés Bello. Bogotá. 2003. Prefacio.
[2] Ibid.
[3] Barbero, Jesús Martín. De los medios a las mediaciones. Convenio Andrés Bello. Bogotá. 2003. Prefacio. Pág xii.
[4] Barbero, Jesús Martín. De los medios a las mediaciones. Convenio Andrés Bello. Bogotá. 2003. Prefacio. Pág xii.
[5] Ibid. Pág xv.
[6] Ibid. Pág xvi.
[7] Ibid. Pág xvii.
[8] Barbero, Jesús Martín. De los medios a las mediaciones. Convenio Andrés Bello. Bogotá. 2003. Prefacio. Pág xviii.
[9] Ibid. Pág xiv.
[10] Ibid. Pág xx.
Muy interesante su artículo. Me gustaría que me contactara al email para platicar en torno al tema.
Gracias