Ésta es la propuesta desarrollada por el investigador español Antonio Lucas Marín y expuesta en su libro Sociología de la comunicación[1]. El esquema busca explicar lo que es interacción y demostrar el caso en el cual ésta alcanza su plenitud como comunicación.
La estructura presenta nueve posibilidades de interacción entre los sujetos del proceso; pero indica que sólo una de esas posibilidades podrá asumirse propiamente como comunicación.
Entre las nueve situaciones de interacción contempladas sólo la primera de ellas es verdadera comunicación, pues evidencia una relación interactiva en la que el emisor intenta transmitir y significar, mientras que, por parte del receptor, hay una comprensión del mensaje. Las tres primeras situaciones se comprenden como envío de información trascendental.
Para explicar su propuesta, Marín ejemplifica cada una de las nueve posibilidades de interacción entre un emisor y un receptor:
El emisor ejecuta el acto de enviar en una interacción comunicante y el receptor, en una interacción comunicativa, ejecuta el acto de recibir. Este nivel asume la intención de emitir y la intención de recibir, y, efectivamente, ambas se cumplen.
Una persona (A) no desea que la información llegue a otra (B), pero la envía por error y (B) la recibe.
En el tercer caso no hay envío de información por parte de un emisor (A) pero un receptor (B), que conoce la situación del emisor infiere la información (por ejemplo, está en mi ciudad y no me ha llamado por teléfono).
La situación cuatro se puede ejemplificar con la situación de quien recibe un fax pero no se da cuenta de que es el destinatario.
El caso cinco es una variación del caso cuatro. Cuando un receptor (B) recibe, sin darse cuenta, un fax de un emisor (A) y se suma a ello que el emisor no tenía la intención de transmitir el mensaje.
La posibilidad seis ocurre cuando un receptor (B) no recibe la llamada de su amigo (A) en el día de su cumpleaños; pero tampoco interpreta que (A) está enfadado.
En el caso siete, (A) escribe una carta a (B) y la envía, pero la misiva no llega a (B).
En el caso ocho, (B) no recibe la carta de (A) porque éste, finalmente, no la envía, lo que sí ocurrió en el caso siete.
El caso nueve es denominado por Marín como de mutua inacción ya que no hay envío de información ni interés por recibirla.
[1] MARÍN, Antonio Lucas. GARCÍA GALERA, Carmen. RUIZ SAN ROMAN, José Antonio. Sociología de
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