Entonces el hombre disparó y vio un cuerpo caer ensangrentado. Y por un segundo su mirada se tornó difusa como un televisor cuando ha perdido señal. Con los dedos fregó sus parpados y se sintió como frente a un espejo, uno que estaba a sus pies, sobre el piso. Yacía allí un cuerpo como el suyo, sus pies tocaban los suyos. Aquella imagen parecía su sombra pero a todo color y como si fuese en tercera dimensión, con volumen y textura. Era un hombre como él, con ropas iguales a la suyas aunque las propias no tenían aquella mancha viscosa de sangre que se derramaba en su cuerpo. Sólo entonces se sintió morir.
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